El movimiento se demuestra andando

Javier Nieto, presidente de la ONG, explica los comienzos de esta andadura en Madagascar y explica el paulatino crecimiento de la organización y sus proyectos en la isla.

Javier Nieto, junto al padre Manuel Garrido en Madagascar. | Ángel Nieto

ManMa Mandioca Madagascar es una ONGD que trabaja para la promoción y desarrollo del pueblo malgache. Fundada en 2014, la vinculación de muchos de sus socios con la isla africana viene de lejos.

Javier Nieto, médico de la Universidad de Sevilla y presidente de la organización explica que “el vínculo con Madagascar nació hace 25 años de manera fortuita”, al conocer a Manuel Garrido, un misionero Paúl que fue a dar una charla al instituto de su mujer, Rosa.

Al recordar los 15 años de colaboración previa con el Padre Manuel hasta la fundación de la ONG, Javier comenta que “ManMa es el fruto de la evolución del tiempo”. La idea nació en 2011, cuando él y su cuñada María José, hoy vicepresidenta de la ONG, decidieron viajar a la isla africana. Pensaron que institucionalizar las colaboraciones que, hasta ahora, venían realizando, les dotaría de “una estructura organizada para ofrecer una ayuda más dirigida y eficaz”.

La organización trabaja en el sur de la isla, en el área de Beraketa, región del Androy. Respecto a su cooperación, Javier destaca cuatro ejes en torno a los que giran todos los proyectos: educación, desarrollo, sanidad y labor misionera.

Promocionarles en su vida diaria contribuye a mejorar su día a día

Desde el principio, una de las preocupaciones de ManMa ha sido el acceso al agua. Por ello, la construcción de pozos alrededor de los poblados o dependientes de las cooperativas locales con las que trabajan (FMF, unión de varios poblados próximos para el progreso) les permiten acceder al agua sin tener que hacer grandes desplazamientos y que utilizan no solo para el consumo personal sino también para regar los huertos (jardines potajeros como les llaman) que, como explica Javier, “se promocionan desde ManMa con el envío de semillas de calidad, adquisición de aperos de labranza, etc.”.

Asimismo, facilitan la ganadería mediante la cría de cabras, gallinas o cerdos, para el consumo y venta, así como bueyes que pueden usar en la agricultura y siempre se convierten en un cierto capital de la cooperativa. Para Javier, esta clase de proyectos “les ayuda a promocionar en su día a día”, lo cual contribuye a mejorar sus condiciones de vida.

“Sin educación no se llega a ningún lado”

La educación ha estado, desde el principio, en el punto de mira de estos cooperantes desde que comenzaron sus primeros contactos con Madagascar. Desde antes, y ahora desde la fundación de ManMa, son varias las escuelas construidas en Beraketa, dotadas todas ellas del material indispensable para la formación de los más pequeños: “queremos crearles esa inquietud, ese interés por aprender”. Y es que como afirma Javier, “sin educación no se llega a ningún lado”.

Pero no solo los niños se aprovechan de esta ayuda. En la población adulta, son muchas mujeres las que no han tenido la oportunidad de estudiar, algo a lo que ManMa trata de ponerle remedio: “Lo primero es darles la opción de aprender a leer y a manejarse con los números”. También les ofrecen otros talleres, como el de elaboración de quesos o de costura, ya que “son productos con los que luego pueden comerciar y abrir una nueva fuente de ingresos en la familia”.

Sanidad: evitar el sufrimiento y mejorar el nivel de vida

Como médico, un área que considera vital es la sanidad. Para Javier, con ella “se evita el sufrimiento de las personas en la medida de lo posible y se contribuye mejorar su nivel de vida”. Lamenta que la coordinación de la ONG le impida dedicarse plenamente como médico, pero intentan “mejorar el dispensario local ubicado en Beraketa, donando medicamentos y material sanitario que ayude al día a día, así como mejorando las infraestructuras del mismo”.

Instalaciones y material que no dudan en poner a disposición de otras asociaciones que maniobren en la zona: “Pretendemos generar una infraestructura sanitaria relativamente estable a utilizar también por otros equipos de voluntarios que trabajen por allí”. 

La acción misionera, el eje de todo el proyecto

Valorando el crecimiento de la ONG, reconoce que la acción misionera es fundamental para que su trabajo en España se vea reflejado en el país africano. Sin embargo, lamenta que el crecimiento no pueda ser todo lo rápido que desearía.

“Es un proyecto muy local que se basa en la voluntariedad de sus miembros y de la Junta directiva. Al final todo se basa en el tiempo que podamos dedicarle, que no siempre es todo el que desearíamos”, explica Javier, aunque agradece a quienes colaboran puesto que “con ilusión y empeño, las cosas acaban saliendo bien”.

Cinco años después, su progreso ha ido despacito y con buena letra. Aumentan el número de socios, surgen nuevas ideas y por lo tanto, crecen. Cinco años después han vuelto a tener la oportunidad de regresar a la isla y volver con ilusiones recargadas. Y aunque los pasos sean cortitos, para ManMa, el movimiento se demuestra andando.

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